jueves, 23 de febrero de 2012

Emanaciones cíclicas
Por Roberth Arias R.

Un extraño en la mente.

Un extraño que estruja la nuca
que, de repente, habita aquí.

Un extraño de existencia raptera,
cuyo espanto cuelga de enclenques cuerdas,
que, antes del contacto, firmes, eran, con el acero.

Un extraño que embarazó a la torpeza
y que, ahora, pretende arrimarse más.

Ingenuo extraño que, en segundos triviales,
de repente, dejó de habitar aquí.

Mientras tanto una fiesta

El extraño ya no comparece, pero
¿Se ha percatado de eso alguien?

Una fiesta que se ofende cuando,
entre espejos, ve al sátiro del vino.

Una fiesta marítima que, en sus adentros,
algo esconde entre fraudulentas capas que,
insolentemente, dicen poder encerrarlo todo.

Pero calentada en su misma arrogancia,
la fiesta evaporò y se vaciò;
y el mar de fiesta se desnudó.

Pensando la desnudez

Y cuando todo queda libre, no hay nada libre.
Ya no hay estropajos ni latencias tempranas,
pero la carencia debe sujetarse de algo.

Un algo salido de nupcias relegadas,
pero con los alfileres del vestido bien sentidos.

Aparece así, dentro de la inferioridad y vileza del suelo,
de los amplios abajos, aquel algo que,
con cristalinos encantos, tragan la desnudez.

Pobre desnudez que se autiza y quema
hedónica, libidinosa y adictivamente.